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Hablando claro de los seguros de vida o accidente

Hay cierto tipo de seguros a los que parecemos mostrar cierta reticencia, por ejemplo, podemos contratar para el hogar o para el coche, pero al tratarse de seguros de vida y accidentes no vemos tan clara la necesidad.

¿Por qué los bienes materiales sí, pero las personas no?

Si nos detenemos a pensarlo, parece que estemos dando más valor a los bienes inmuebles que a las personas que más queremos, siendo que cuando se trata de asegurar una vida los costes son incluso más bajos que si hablamos de un vehículo.

Existe cierto tipo de pensamiento que nos dice que esas cosas siempre les pasan a los demás, que seguro que a nosotros no nos afectan. El problema es que, a veces, por desgracia, los accidentes ocurren.

Enfrentarse a un accidente

Cuando una familia, pareja o individuo se acostumbra a un cierto nivel de ingresos, sea este elevado o no, adapta su contexto a esas condiciones, de forma que por lo general tendrá una vivienda, un estilo de vida o un tipo de ocio acorde a ese estatus.

Cuando ocurre un imprevisto, más o menos grave, ese núcleo familiar deja de contar con los ingresos a los que está acostumbrado y ese es el momento en el que empiezan los problemas.

Si se trata de una lesión larga, pero con pronóstico de recuperación, las cosas terminan arreglándose, pero cuando hablamos de una invalidez o un fallecimiento, a veces no quedan muchas alternativas. Si en esta situación hubiera además hijos dependientes o menores de edad, las consecuencias podrían ser irreversibles.

Somos conscientes de que se trata de temas que no nos apetece plantearnos, pero, como adultos responsables, debemos hacerlo.

Ejemplo de caso sin seguro

Digamos que se trata de una pareja en la que ambos trabajan y tienen dos hijos; en un accidente de tráfico fallece uno de los padres y sobre el otro recaen ahora todos los gastos.

Si consideramos una pensión media para los niños, como la que asignan los jueces a un menor en los casos de divorcio, hablaríamos de unos trescientos euros por niño, que, en total, son seiscientos al mes. Contando que los niños rondaran los 5 años, estaríamos hablando de un capital de más de 100 000 € hasta su mayoría de edad, un dinero con el que ya no van a contar.

 

 

El progenitor superviviente por otro lado, debe afrontar con los gastos que supone un sepelio para su ser más querido, su pareja, además de reestructurar toda su vida de forma que sea capaz de suplir todo ese dinero en los años que le quedan. Una situación, ciertamente, muy dura.

Actualmente, y dado nuestro ritmo de vida, los seguros deberían tener una consideración especial, sobre todo en los casos en los que hay descendencias y otras obligaciones compartidas. Es muy interesante que alguien nos aporte ese capital que nosotros vamos a dejar de ingresar o que ayude a salir adelante a nuestra familia si nosotros no podemos estar con ellos. Además, en seguros de vida y accidentes podemos encontrar una amplia gama de prestaciones que se ajusten a tus circunstancias tanto como desees.

 

Nilza Machatine

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